Publicado el 3 de noviembre de 2013 | por 0

Bang & Olufsen, historia de un amor acústico

Recuerdo el momento exacto en el que me enamoré de Bang & Olufsen, una épica historia que merece ser contada. Después de volar desde Madrid a Niza, y pasar la noche allí, recorrimos en coche la llamada Ruta Napoleón, la misma que él recorrió en 1815 en su retorno de la isla de Elba. La carretera que lleva ahora ese nombre fue inaugurada en 1932, y va desde Cannes hasta Grenoble.

El camino continuó hasta Ginebra, donde nos alojamos en el Hotel President Wilson. Al llegar allí hice lo que cualquier hombre hubiese hecho después de un largo camino a través de los Alpes, independientemente de que se hubiese hecho a caballo o en coche, en el siglo XXI o el siglo XIX, en el retorno de un asilo después de haber sido el líder más importante del mundo o en el camino a un evento de empresa. Esto es, ir a echar un pis al baño del hotel.

Síndrome de Stendhal en el WC

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Y allí, de pie, de repente noté una sensación acústica extraña. Un sonido delicioso que venía del techo y que resultaba extraño en un cuarto de baño. No es que sonase alto, ni con muchos graves, ni fuese una música deliciosa… simplemente el altavoz no existía, y la voz de la presentadora de la CNN y yo éramos la misma cosa, una íntima unión mientras orinaba. Quizás en ese momento pasé a la historia por ser la primera persona en sufrir síndrome de Stendhal en el excusado, pero eso nunca lo sabremos.

Miré para arriba y efectivamente era un único y pequeño altavoz Bang & Olufsen. Al salir comprobé que la TV, que se había encendido al entrar en la habitación, era también de la misma marca. Y también sonaba genial, al igual que todos los altavoces de la marca que había escuchado hasta el momento. Pero es que tener un sonido tan bueno dentro de un baño es algo con lo que, me temo, no está a la altura de muchas otras marcas.

Sonido Bang & Olufsen en coches, ¿merece la pena?

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Mi amor continuó la semana que tuve en mis manos un Audi A8 con sistema Bang & Olufsen. Actualmente coches como el Audi A3 pueden llevar como opción un sistema de altavoces de la marca por poco más de 1.000 euros. Y no están mal, pero como es de esperar la diferencia con el del A8 es notable, no obstante cuesta más de 8.000 euros. No, el coche no, la opción de sustituir el equipo de audio de serie por uno Bang & Olufsen.

Tener ese coche una semana es a la vez una de las mejores y las peores cosas que me ha ocurrido. Guardo un grato recuerdo, pero ha conseguido que casi todo parezca mediocre después. Especialmente, el sonido. Básicamente, todo me suena a altavoz mediocre. Una vez el oso prueba la miel…

De acuerdo, son fabulosos, ¿pero no soy muy caros? ¿No hay otros altavoces mucho mejores relación calidad precio?

Esto es lo que mucha gente me dice cuando los defiendo. Y sí, en relación calidad precio seguro que todos los más baratos son mejores. Igual que un utilitario de segunda mano con diez años tiene mejor relación calidad precio que un Aston Martin. Y que cenar en casa tiene mejor relación calidad precio que ir a un restaurante.

Como todo en esta vida, cada salto hacia arriba el precio es exponencial, no lineal. Pero no le neguemos a estos señores daneses tan simpáticos la posibilidad de dedicar su vida a hacer unos altavoces deliciosos que la mayoría no nos podemos permitir.

Para tratar de convencerme de lo contrario un buen amigo me llevó a un sitio donde fabrican altavoces artesanales con una relación calidad precio insuperable, según me decían. El problema, quizás, es que cada uno tiene su propio concepto de calidad. Y normalmente heredado de nuestros abuelos, cuando el mundo ha cambiado ligeramente en los últimos 60 años, aunque parece que todavía no nos hemos dado cuenta.

Para empezar estos altavoces no sonaban igual. Y, más importante, eran horribles. No me imagino entrando en mi despacho por las mañanas y viendo esto. No es algo por lo que pagaría. No soy un experto en sonido, pero la gente también elige su coche o su restaurante sin ser expertos en coches o restaurantes. Pero es que no hace falta, el método es sencillo: el que más feliz te haga dentro de lo que te puedas permitir. Y si no te hace feliz, más sencillo todavía: el más barato.

Beolab 18, el nuevo objeto de deseo

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Toda esta historia es la introducción del Beolab 18, la pareja de altavoces que sustituyen a los BeoLab 8000 y que han sido presentados esta semana. En cuanto a diseño llama la atención su cobertura de madera de roble macizo, que vuelve a los altavoces como protagonista después de muchos años en los que el aluminio había sido el único protagonista.

En cuanto a tecnología son los primeros altavoces B&O en incorporar la tecnología WiSA (Wireless Speaker and Sound Association), es decir, son inalámbricos y aseguran que la calidad de sonido es la misma que si estuviesen conectados por un cable (opción que también es posible).

El precio del capricho es de 4.790 euros la pareja, a los que tendremos que sumar los 990 euros por pareja si queremos el frontal de madera.

No somos quien de aconsejar si son una buena compra o no, pero sí de aconsejar que mejor no probarlos si no estás decidido a comprarlos. Porque una vez los pruebes todo lo demás te sonará a altavoz mediocre.

Más información: Beolab 18




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