Publicado el 24 de diciembre de 2013 | por 0

Bullicio y alharaca navideña en la redacción

La Navidad es el momento más especial en la redacción de Mitmag. Los redactores, copistas, impresores, directivos, telegrafistas, limpiacristales… todos ese día compiten por llegar los primeros a nuestras bellas oficinas. Adelita Corcostegui ha sido la más madrugadora este año, dejándose caer por la redacción a eso de las 4 de la mañana, con una botella de Marie Brizard Peppermint en una mano y un cartucho de percebes en la otra. La faja Sportex, que afina la línea, y el sostén Belcor, que realza las formas, le dan ese aire femenino tan celebrado por todos los del género bruto que hemos ido llegando a Mitmag con nuestras mejores galas.

Nos hemos ido sentando alrededor de la tele Grundig que sigue impresionando por los bellos colores que emite su tubo catódico con más de 30 años. Aún quedan muchas horas para el mensaje de SM el Rey, que es el momento más álgido de la Navidad, pero ya estamos tomando posiciones y calentando el cuerpo y el espíritu con deliciosos licores y viandas, mientras vemos las noticias entrañables de parados a los que les ha tocado la lotería de Navidad con la que taparán algunos agujeros, signifique esto lo que signifique. Nuestra estadista de abordo, Genoveva del Castillo, dijo que con tanto parado español que le tocase a alguno es lo normal estadísticamente hablando. No quisimos que Genoveva estropease tan entrañable atmósfera, por lo que rellenamos su copa con una mezcla de absenta y licor de patata que la transportase al mundo de fantasía de nuestros gobernantes actuales.

Navidad en Mitmag

Nuestra reunión es del todo festiva pero tiene también un carácter benéfico, y el señor Grases Jover impulsa desde nuestras oficinas centrales una meritísima obra que se ocupa del bien espiritual y material de los marinos extremeños católicos. Inesperadamente por la puerta apareció un grupo de muchachas ataviadas al estilo marinero que cantó una Salve y varias canciones cantábricas. El aplauso rotundo fue contenido con la llegada del sabio jesuíta Padre Revy Stolle, que dio una conferencia que versó sobre “Almas en el mar”, glosando la vida monótona de los marinos mercantes. Las emociones estuvieron a flor de piel y el júbilo estalló con la entrega que hicimos al hombre con sotana de un reproductor portátil DVD marca Guandong que llenará las noches de soledad de un católico. Don Enrique Turull le dio un paquetito al fraile y le dijo que no lo abriera pues contenía películas pecaminosas.

Despedido el jesuíta y sintiéndonos más poderosos que tres bancos de alimentos juntos, dimos paso a temas más mundanos como rellenar nuestras copas por quinta o sexta vez en la mañana y subir el volumen a tope para marcarnos unos bailes de acentuadísima intimidad y franco ambiente juvenil. Hasta nuestros compañeros más octogenarios pegaron un brinco al reproducir nuestro mashup favorito de Johnny Cash con Cypress Hill:

Tras esto se bailó un rigodón, de solera aristocrática, para luego lanzar estridencias de ritmo moderno, a veces con cadencia de habanera fin de siglo con lo que la danza dio rienda suelta a su loco girar. La redacción convertida en pista de baile, las grandes mesas en suntuosos bares y bufetes y los sillones en animada tertulia. Derroche y alegría. Decidimos darnos el lujo de encender y poner al máximo todos los aparatos eléctricos de la redacción: luces, calefactores, microondas, deshumidificadores, ordenadores, impresoras, aires acondicionados, nevera, congelador, focos y hasta un horno y un par de planchas. Es un subidón aún mayor a abrir un Don Perignon del 47 agitándolo previamente. Es la magia de la Navidad.

Aquí sigue la fiesta. Despido la conexión mientras aún pueda escribir pues la pantalla ya me deslumbra como foco cegador y esto no acaba más que empezar. Que tengan unas felices fiestas en nombre de todos los que hacemos Mitmag.


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