Publicado el 16 de abril de 2014 | por 0

Cómo esquivar la muerte

«Murió mientras dormía», «murió en la cama diciendo unas palabras muy bonitas», «murió haciendo el amor», «murió viendo la tele», «murió de un ataque al corazón corriendo la media maratón»,… todas estas formas de morir son harto comunes. El cerebro dice basta; hasta aquí hemos llegado, y manda la orden de recoger la fiesta y apagar las máquinas. Luz negra y a otra cosa, mariposa.

Hay quien muere joven con el chasis en un estado estupendo. Es por eso que la muerte parece demasiado simple, como un interruptor tipo ON/OFF. Quizás un potenciómetro con varios estados sería más apropiado. Pero quién soy yo para sugerir un humano v1.1 más avanzado.

Dale al OFF

Estaría bonito que la ciencia estudiase con precisión ese instante previo al apagado de las bombillas de la feria de la vida (ole). Que el mecanismo exacto fuese desvelado y el botón de OFF perfectamente identificado. Esto llevaría a una búsqueda de mecanismos de bloqueo del proceso, que una vez inhibido, permitiría vivir en estado de repelente y decrépita vejez hasta que todo el conjunto de nuestro cuerpo muriese por ser todo él putrefacto e incompatible con la vida. Una muerte dulce y deseada por uno mismo y por quienes te rodean, hartos de aguantarte.

Mientras esto no ocurra, hemos de vencer a la muerte con nuestras propias armas, con la nave de la imaginación (sí, estoy viendo el nuevo Cosmos) o algo similar. Porque no siempre la ciencia tiene razón y es por eso que hay banners que dicen cosas como «los médicos odian estas pastillas para adelgazar 14 kilos en un mes». Porque los médicos y la ciencia en general a veces son un estorbo para nuestros objetivos. Siempre jodiendo con sus publicaciones, sus lentos experimentos y su jerga resabiondilla. Busquemos nuestras propias soluciones, basémonos en la intuición y usemos un pensamiento homeopático en el que cuanto menos pensar, mejores resultados.

Instrucciones para esquivar la muerte

Mi teoría sobre esquivar la muerte es muy sencilla y tiene tantas horas de estudio como décadas dedicadas a la lectura diaria de noticias. No recuerdo ninguna noticia en la que alguien muera desarrollando una tarea simple y rutinaria. Más concretamente, no recuerdo ninguna noticia de alguien que haya muerto mientras se cepillaba los dientes.  El cerebro va a esperar a que acabemos nuestro cepillado, ya que, total, no supone ningún esfuerzo físico y va a durar muy poco. Volviendo a la metáfora de la pulsación del botón OFF,  el encargado manda una orden del tipo «cuando acabe apagamos«.

Por tanto, ¿cómo podemos esquivar la muerte? Prolongando la actividad rutinaria el tiempo que sea necesario, el tiempo que queramos vivir. Según mi teoría, podríamos ver con nuestros propios ojos el comienzo del siglo XXII con un cepillado de dientes que empiece hoy y dure 86 años y pico.

De todo esto podría surgir una industria muy importante de aparatos que permitan desarrollar nuestra actividad normal mientras limpiamos nuestra dentadura: Google Glass con cepillo de dientes automático incorporado, escupideras portátiles, mochilas con dispensadores de pasta y agua, fundas dentales de poco desgaste, pasta dental que amarillee para evitar un blanco demasiado nuclear, etc.

Otras ventajas de la prolongación de la vida a través de la limpieza bucodental

Una vez esquivada la muerte, tras más de 150 años, 70 de ellos usando pañales, uno puede sentirse agotado de vivir y tomar la decisión de cerrar el chiringuito. Bastará con dejar de lavarse los dientes y será algo inmediato, por lo que uno podrá elegir el cuándo y el dónde. Y si la cámara oscura de nuestra cabeza graba el último fotograma de nuestra retina para toda la eternidad, mejor que sea viendo una puesta de sol que no un sombrío hospital o las piernas peludas de 15.000 corredores de una media maratón. Y una eternidad es mucho.

NOTA: Manden sus cestas de fruta en agradecimiento a la casilla postal habitual.


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