Publicado el 13 de noviembre de 2014 | por 2

Despachurramos el anuncio de la Lotería de Navidad 2014

Tras la decepción del anuncio de la Lotería de Navidad de 2013 que analizamos con detalle el año pasado me sorprendió la entrada de la Srta. Encarnación en el despacho con lágrimas brotando a chorros de sus ojos, entremezclando llantos y risas, emitiendo sonidos guturales y palabras balbucientes entre las que apenas pude distinguir “nuncio”, “lotría”, “priciosidad”, “moción”, “nopueopará” y “dellorá”.

Hacer llorar a la Srta. Encarnación no es cosa fácil así que decidí investigar por mi cuenta qué era eso tan bueno y tan sensible que había llegado al corazón de nuestra cincuentona favorita.

– ¡Encarnación! ¡Encienda internet!

9 anuncios para 9 lágrimas

La Srta. Encarnación es un hueso duro de roer pero yo todavía estoy deseando conocer mi primera lágrima. Un día yendo en moto de paquete, a 200Km/h, me asomé hacia un lado del piloto y con la brisilla que golpeaba mis ojos estuve cerca de refrescar mis mejillas por primera vez. Pero nada ocurrió. Los creativos de Leo Burnett tienen que haberse esforzado muy mucho para arrancar de mis adentros un sentimiento bello, una empatía o un algo.

Ya estoy en el rinconcito de internet, aparto varios manuscritos, un busto de Paco Martínez Soria y varias botellas vacías de gaseosa. Agarro fuerte el ratón amarillo que un día fue blanco y entro en el Youtube.

¡Adelante con la sesión de 9 anuncios para 9 lágrimas!

1ª lágrima: destrucción de pruebas

Dos señoras van en autobús. Empieza fuerte, nadie debería viajar en autobús. Esto ya me pone triste.

Son funcionarias de algún ayuntamiento de la provincia de Madrid. La de verde es la jefa y, como tal, escoge ventanilla sin tener en cuenta que ocupa un asiento y medio y su subordinada podría salir disparada en una curva contra las barras amarillas. “¡Agárrate al asiento por dios!” pienso para mí.

La jefa decide acaparar la atención con unas lágrimas que ni en el Actors Studio. Se saca de la manga una historia a cuento de la carpeta azul que en realidad contiene documentos que tienen que desaparecer antes de que los encuentren agentes de la Operación Púnica.

Se cuidan mucho de que la conversación sea sensiblera para que los agentes no sospechen nada, ya que lo están grabando todo con sus móviles desde la parte trasera del autobús. Entre los argumentos se esconde uno bien cierto: jamás te va a tocar la Lotería de Navidad (y eso no tiene nada de romántico).

Lloro, por fin, una lágrima al pensar en los pobres detenidos por corrupción en España. Más de uno pasará la Navidad en la cárcel y le tocará el gordo. En las duchas, al agacharse a por jabón.

2ª lágrima: la porra

El bar de Antonio es el típico bar de barrio con camarera modelo y clientes gañanes que la tratan cortesmente. Se produce una situación de chico conoce chica en la barra, que está hecha unos zorros (la barra), con migas esparcidas y vasos sin recoger, con el detalle omnipresente de una gran porra que parece proyectada desde la perpendicular del chico hacia la perpendicular de la chica. Solo falta la tapa de huevos rellenos para completar el cuadro.

La porra me parece un detalle burdo y vulgar que me hace llorar una segunda lágrima de indignación y rabia contenida. Mujeres, estoy con vosotras y vuestra causa.

3ª lágrima: el cartón

El bar de Antonio está vacío, sin calefacción, sin cambio,… pero es el día a día de nuestros queridos bares, así que de momento no me retuerzo en la silla. Tampoco con Manuel, el protagonista de esta serie de anuncios, que con sus ojos abesugados y rebosantes de lágrimas llena la pantalla de ganas de ser pobre, o aún más pobre de lo que ya sea uno. Deseas que se te muera el hamster, caerte por las escaleras y encender 13TV.

Pero a mí este tipo no me hace llorar, hace falta mucho más que una ambientac…¡Wait! ¿Pero qué coño está haciendo Antonio? ¿Se está frotando el décimo que va a regalar a Manuel en el cartón? ¿Es esto higiénico? Nada más verlo me ha parecido ver corretear cucarachas cerca de la máquina de café. ¡Que le cierren el local! ¡Que venga Sanidad!

¿Y desde cuándo frotar el cartón da suerte? ¿Qué maldita ley de la astrofísica convierte la alopecia androgénica en una fuerza que influye en el movimiento de esferas de madera girando dentro de un bombo? ¿Qué he hecho yo para merecer este cartón que también sufro en silencio? ¿Qué pretendías, Dios, quitándome pelo en esa zona tan específica? ¿Quieres que me haga judio y lo tape con una kipá? ¿Quieres hacerme sentir viejo? ¿Por qué no me dijiste lo de la suerte? ¡Hace años que podía estar disfrutando de los millones fruto del frotamiento cartoniano! ¡Dios, quítame la vida o dame pelo en la coronilla! Una tercera lágrima surca mi mejilla.

4ª lágrima: la loca de los gatos

Esta historia nos presenta a una loca de los gatos en horas bajas, parece que el ajuste de presupuesto del anuncio ha impedido tener más mininos en pantalla. Porque estar, están. En nuestra imaginación hay quince gatos sucios rodeándola pidiendo que cambie la arena al menos este mes.

Como buena loca de los gatos, es la comidilla del barrio, un barrio en el que los rumores van de boca en boca y el bar de Antonio se constituye como el mejor de los foros para el cotilleo. Descubrimos una historia bien triste que es la lacra de nuestro tiempo: el viejales lleva “desde hace por lo menos 20 o 30 años” engañando a su mujer con la lotera. Él sabe muy bien qué esconde la señora desequilibrada bajo la ropa aunque la Lotería de Navidad no haya tocado nunca en esa administración.

Para colmo descubrimos que todo el barrio ha desnudado a la lotera en algún 22 de diciembre. El viejo sátiro anima a Antoñito, que vive en la parra, a ser partícipe. Antonio tiene a la camarera modelo en plantilla, compara el percal, y casi prefiere que este año la lotera dé el premio y ahorrarse el trajín.

El sátiro le dice “adiós cielo” a la lotera cuando esta pasa. No sabe ni su nombre. Tantos años y ese desgraciado… una lágrima de rabia cae sobre mi teclado.

5ª lágrima: hipsters mileuristas del PP

Cuando eres mileurista pero hipster no hay nada como llegar a casa después de una jornada de diez horas de teleoperadora en horario nocturno y sentarte junto a tu marido en paro en vuestro sillón favorito, cómodo como el asiento de un vagón de metro, que comprasteis en una tienda de muebles nórdicos vintage. Fuisteis apañando un hogar a base de palets, escayola, plantas moribundas y ocho libros de Taschen. Soy pobres pero bellos y que haya niebla dentro de vuestra casa no es impedimento para una felicidad contenida, como si vivierais en un episodio de La Casa de la Pradera.

Él ha estado toda la noche jugando a la Play y la ha escondido cinco minutos antes de la llegada de su churri. Esa cara no puede ocultar un partidón online al Call of Duty Advanced Warfare gracias al internet pagado por la cabeza de familia.

Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, que les toca la Lotería de Navidad, porque en parte de eso va el anuncio, que le toca a quien no lo merece. ¿Qué es lo primero que hay que hacer? Casarse como dios manda, vestir de blanco, aparentar, recaudar el dinero de los invitados, ir a vivir a un adosado y tener seis hijos. Él es un nini y del PP. Ella es aplaudidora en los mítines de Cospedal. Él no puede negarse ante la propuesta de su mujer. Ese premio es dinero público tirado al desagüe. Lloro una quinta lágrima ante tamaño despropósito.

6ª lágrima: eres adoptada

En la casa del pobre en Navidad se decora el microondas con espumillón. Y dentro se pone el belén para que esté calentito. Hoy es un día especial, hay mucho que celebrar.

Por fin llega ella, esa insoportable hija a la que le habéis pagado todo: el carnet de conducir, el iPhone 6, la carrera, el gimnasio, la peluquería, el tinte, la ropa, las vacaciones en Ibiza y hasta, sin saberlo, la droga. Y lo que queda; a este ritmo terminará la carrera con 34 años. No contenta, ella exige más con expertas lágrimas de cocodrilo. Da igual. El día ha llegado. No aguantáis más. Hay que darle la noticia.

Miramos a través de la ventana cuando los padres le comunican que es adoptada. No tienen porqué aguantarla. Son felices. Y ella de no pertenecer a una familia de pobretones que usan bombillas de 10W en la cocina. Todos contentos y emocionados. Yo también y descubro una lágrima en mi cara deformemente reflejada en una botella de gaseosa Cruz de Gorbea.

7ª lágrima: la sala VIP es una mierda

Hay que hacer algo con las salas VIP de los aeropuertos españoles. Son una mierda. Escuchar negocios ajenos de cuatro cuartos en boca de ejecutivos engominados que vociferan al teléfono, decoración de despacho de abogado y una tele es parte de las comodidades que ofrecen. No lloro por no ser VIP, lloro por serlo. Una séptima lágrima brota con fuerza.

8ª lágrima: cuando tú vas a por leche yo ya vengo con el queso

¿Yo de vacaciones? No me conoces tú bien; cuando menos te lo esperes te voy a sacar del puesto y vas a chupar ventanilla el resto de tu vida. Ya sé, ya, que a mis vecinos les ha tocado la lotería. Voy preparado con alcohol, tarjetas de visita y mi mejor labia. También llevo una petaca de mosto para disimular que yo también celebro. Estos no se me escapan y esta cartera de clientes va directa a la central. Cuando me den tu puesto voy a disfrutar puteándote y aplastándote con el pulgar como a una bicha.

Un tipo con iniciativa, con la ambición de los años 80 me hace volver a creer en la humanidad. Hay futuro. Lloro una lágrima por octava vez.

9ª lágrima: la puerta de Tannhäuser

Y llego al culmen de todo esto. El anuncio que reúne todo lo bueno de la Navidad.

Casa de pobre. Otra vez. Un matrimonio en el que la tristeza es parte del disfrute y el masoquismo una diversión como otra cualquiera. Venga, baja al bar justo cuando está todo el mundo celebrando a ver si colapsas de una vez y con suerte no vuelves, pobretón español mío.

Nuestro protagonista baja a la calle de ese viejo barrio soviético madrileño en el que nieva casi todo el año y alcanza a duras penas, pues ha olvidado las raquetas para los pies, el bar de Antonio.

– ¿Una copita?
– No, dame cicuta y el cuchillo jamonero que hoy saldremos dos veces en las noticias.
– Vaaale, un cafelito.
– Viendo como sirves las copas de sidra El Gaitero ensuciándolo todo insisto en lo de la cicuta. Además me ha parecido ver corretear unas cucarachas detrás de la máquina.
– Ya estuvo Sanidad por aquí hace 6 párrafos.
– ¿Después de esto cerrarás, no?
– Noooo. Con el premio tengo para la mordida al Departamento de Sanidad. ¿Ves a las dos mujeres de la carpeta azul? Ya está todo arreglado.
– Todo el mundo contento menos yo aquí jodidísimo con los ojos muy llorosos.
– Los que siempre traes. ¿Sabes cómo te llama la lotera?
– ¿Cómo?
– El abesugao.
– Hija de perra. ¿Y cómo te has enterado de eso?
– Estuve en su casa el otro día. Ya te contaré.
– ¿Qué felicidad hay en el bar, no? Me revuelco en mi mierda cuan gorrino.
– Debería cobrarte solo por estar aquí. Te va la marcha, Manu. Por cierto, tengo una cosa para ti.
– ¿No será un sobre rojo?
– ¿Cómo lo has sabido?
– Anda todo el barrio diciendo que te has frotado un sobre rojo en el cartón. Y ahora me lo quieres dar. Me parece sucio, Antonio.
– Ya pero…
– Ni peros ni hostias. Cóbrate el café que me vuelvo al Moscú proletario.
– Joder, Manu, ¡que dentro hay un billete premiado!
– ¡Antonio!
– ¿Qué?
– He visto cosas que no creerías: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser, y ahora gente regalando billetes de lotería premiados. Todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Lloro como una magdalena la novena lágrima. Me levanto de un brinco de la silla y corro en busca de la Srta. Encarnación para que la vea. ¡Mire, mire! ¡Es un milagro! Nos abrazamos y le prometo que este año me pensaré lo de salir un poco antes de las 23h el 24 de diciembre.


Tags: , , , , ,



  • culodemono

    Joder macho, sí que eres malo eh. Ninguna gracia.

  • http://es.linkedin.com/in/davidvaluja David Valuja

    Me he emocionado con la 9a Lágrima y los recuerdos de más allá de Orion.

Subir al cielo ↑