Publicado el 3 de diciembre de 2013 | por 1

Drácula ha muerto

Quién lo iba a decir. El decano de los vampiros, el no muerto con más años a sus espaldas que el propio Matusalén, ha fallecido. Dios, o mejor el demonio, lo tenga en su gloria. El padre (tatarabuelo, en todo caso) de True Blood, de los Crepúsculos varios, de Buffy, de Blade, de Lestat (por recordar los más recientes), icono sobre el que la Hammer erigió su poderío, que sobrevivió a cambios de sexo, de edad, de raza, de ubicación, a años de olvidos y a engendros tales como Dr. Acula o Blackula, ha sido asesinado gracias a esta nueva serie que lleva su mítico nombre por título: Drácula. Resulta paradójico pues la NBC pretendía todo lo contrario, y para ello destinó un abultado presupuesto, contrató a un actor de moda y puso al frente a uno de los guionistas de prestigio de la televisión actual para cuidar al monstruo con esmero. Pero hay veces que todo el cariño del mundo no hace más que asfixiar.

Un servidor, fan aterrado del personaje, no puede por menos que llorar su perdida.

Pero vayamos por partes. Ya sabemos que la NBC no se caracteriza por ser abanderada de la originalidad, por ser vanguardista ni por crear tendencia. Su criterio a la hora de producir series y programas responde a la máxima de: vamos a hacer lo que ya funciona cambiando un poco esto y aquello. Y bajo esa premisa pone en marcha este Drácula. NBC intenta con este producto sacar tajada de la moda de series oscuras que triunfan en otras cadenas. Ni quiere crear una ficción de culto ni replantearse la función de la teleserie en la sociedad del entretenimiento del Siglo XXI, ni zarandajas por el estilo. Hasta aquí, nada que objetar. Sin embargo este Drácula respira un aire trasnochado que si fuera hecho a propósito, tendría hasta gracia. Pero el resultado es que la serie parece llegar tarde a todo: a la moda de los vampiros, a la de las series de época, a la de las tramas sobre sociedades secretas, a la de de fantasía para adultos con sexo y violencia, de manera que su visionado provoca una profunda sensación de “esto lo he visto ya 20 veces y con más gracia”. Es una lástima porque este cansino deja vú te invade con fuerza durante el primer episodio, francamente lamentable. En los siguientes, una vez asumidas las reglas de este espectáculo televisivo, la serie remonta con fuerza.

Las cuatro novedades que aporta este producto al universo de Bram Stroker son francamente patéticas. A saber.

  • R.M. Rendfiel deja de ser el sirviente-esclavo obsesionado con su amo para convertirse en algo así como un secretario, confidente y guardaespaldas. Eso sí, fiel hasta soportar la tortura. Y es negro (para contentar a la audiencia afroamericana, of course).
  • Mina estudia para ser cirujana y es mona, claro. ¡De hecho se convierte en la primera cirujana de la universidad de Londres! Pero por mucho que la mona se vista de seda (de cirujana en este caso)… Mina es una sosa del copón. ¿Cómo un vampiro centenario, dandy y mujeriego puede fijarse en una boba como esa?
  • Van Helsing no es el archienemigo de Drácula, que va. Ahora son socios. De traca. El científico rescata al vampiro de su penoso destierro para que le ayude a acabar con la Orden del Dragón. ¡Vivan las conspiraciones!
  • Y el más decepcionante: Drácula es el bueno. Bye, bye Mister Drácula. Además sabe artes marciales, lucha con espada, combate cuerpo a cuerpo… Y por supuesto, es todopoderoso cuando a los guionistas les conviene.

Tras un primer capítulo terrible, admito que miré el segundo para poder escribir este artículo con mayor conocimiento de causa. Y no se si fue el pestazo a naftalina que destila la serie que me dejó aturdido o mi admiración por el personaje, pero lo cierto es que me tragué los 5 episodios emitidos hasta el momento de una sentada, y poco a poco fui encontrándole el gusto.

Torturas

EL ARGUMENTO

Nota: Las pocas novedades que presenta la serie ya las he comentado. Y las líneas argumentales se desvelan en el primer capítulo, por lo que no va a haber spoilers destacados.

Uno de los errores garrafales de este Drácula es su planteamiento, más propio de la ficción de aventuras (como ya hiciera Stephen Sommers en su espantoso Van Helsing) que de terror.

1890. Drácula llega a Londres bajo el nombre de Alexander Grayson, un adinerado empresario americano que está experimentando con una tipo nuevo de energía, la Geomagnética. Su intención es llevar la luz a las casas de forma fácil, barata y segura. Resulta paradójico que sea el propio Drácula, que siente aversión a la luz, quien quiera iluminar todos los hogares. ¿Guiño al espectador? Mucho me temo que no. La serie ni va sobrada de humor ni mucho menos es autoparódica. Sin embargo, con este disfraz de emprendedor visionario, nos presentan a Drácula como catalizador del cambio que se está produciendo en Inglaterra (y en el mundo), al pasar de la sociedad victoriana a la industrial. Bram Stoker ya insinuaba ese aspecto del personaje en el subtexto del su novela.

Bajo ese disfraz de empresario, Drácula quiere acabar con la Orden del Dragón, una organización secreta centenaria formada por personajes poderosos (¿Club Bildelberg?) que siglos atrás lo convirtió a él en vampiro y también acabó con toda la familia de Van Helsing, pobrecillo. Esta Orden del Dragón tiene intereses en el incipiente negocio del petróleo por lo que a su vez estos quieren destruir al empresario Alexander Grayson y su forma de energía barata para todo el mundo (¿petróleo versus energía solar?). Por supuesto, los integrantes de la Orden además son políticos corruptos (este tema aquí ya nos toca más de cerca) y gentes de muy baja calidad moral (muy de cerca).
Durante el día Drácula es el empresario que intenta adentrarse en la cerrada sociedad londinense para abrirse camino en los negocios, y por la noche es el despiadado vampiro que intenta acabar con la Orden. Sí, esta dualidad tampoco es que sea el colmo de la originalidad.

Pero hete me aquí que se encuentra con Mina, que es la viva encarnación de su amada esposa que murió a manos de la dichosa Orden siglos atrás.
La tal Mina es estudiante de medicina y su tutor no es otro que Van Helsing. Está prometida a Jonathan Harker, periodista un tanto trepa al que Alexander Grayson da trabajo. Así puede tener relación indirecta con Mina.
Entre tiras y aflojas (Jonathan no ve bien que Mina sea una chica tan independiente y moderna), la parejita decide casarse. Mina confía los preparativos de la boda a su amiga Lucy Westenra, romántica y descocada. Pero Lucy está secretamente enamorada de Mina y se debate entre su amor fraternal y el lésbico.
A su vez, Van Helsing está buscando un suero que permita al vampiro exponerse al sol. Drácula – Grayson, en su papel de empresario, necesita dejarse ver a la luz del día.

Miradas intensas

La Orden del Dragón intenta saber más cosas sobre Alexander Grayson al que quieren aniquilar como empresario. Para ello envían a Lady Jane Wetherby para que lo seduzca y le sonsaque sus secretos. La tal Lady Wetherby es una cuarentona de buen ver, asesina de vampiros, casualmente, y experta en sofisticadas artes amatorias. Entre ella y Grayson se establece un juego del gato y del ratón y sus proezas sexuales nos brindan algunos de los momentos más entretenidos de la serie. Pero Lady Wetherby comete un grave error y se enamora del enigmático empresario americano.

Cazavampiros

A toda esta trama añádasele unos flashbacks que nos cuentan como Vlad, el Empalador se convirtió en Drácula y como posteriormente pasó a ser Alexander Grayson de la mano de Van Helsing.

Nota: la asociación de madres americanas One Million Moms (aunque en su facebook no son más de 60.000) está haciendo una campaña entre las empresas anunciantes para que obliguen a la NBC a rebajar el contenido tanto violento como sexual de la serie. La cadena proyecta Drácula los viernes a las 22.00 horas, que en USA se considera segundo primer time y por tanto totalmente fuera del horario infantil por lo que la queja de esta asociación está absolutamente fuera de lugar. Solamente por dar en los morros a estas madres ultraconservadoras, Drácula merecería ya un visionado.

One Million Moms

PRODUCCIÓN

Drácula consta de 10 episodios de 45 mins de duración. Los exteriores se han rodado íntegramente en Budapest y a pesar de que es una serie americana, el elenco y casi todo el equipo técnico es inglés, muchos llegados directamente de Downton Abbey. De hecho todo el show destila un aire muy british, traicionado tal vez por la velocidad de vértigo a la que se suceden los acontecimientos. Las series británicas suelen ser más pausadas, sobretodo las de época. A estas alturas de la temporada (en USA y en Inglaterra ya llevan media serie emitida) y por las audiencias que está consiguiendo, que sin ser desastrosas no son para tirar cohetes, es poco probable que vaya a tener continuidad. Además el parón navideño de diciembre no le va a beneficiar en absoluto.

Puesta en escena

El show runner es Daniel Knauf, creador de Carnival. Carnival es una rareza televisiva de dos temporadas que produjo la HBO hace unos años y que se ha convertido en una serie de culto. Quiero creer que la mano de este profesional, que supo erigir un producto televisivo surrealista y desasosegante, se hará visible de forma más patente a medida que la serie avance.

Uno de los apartados más conseguidos, como era de esperar es el de la puesta en escena. Drácula hace gala de un lujo y unos decorados apabullantes es cierto, pero carentes de personalidad. Tampoco han acertado mucho en el vestuario. Las actrices, en ocasiones ataviadas con chillones vestidos, parecen recién salidas de una noche de fin de año en Tele Cinco.

Vestuario de Opereta

REPARTO

La serie es Jonathan Rhys Meyers. Todo gira entorno a él. Y el actor irlandés asume con entereza su papel de maestro de ceremonias. Al igual que Enrique VIII en Los Tudor, Rhys Meyers parecería demasiado joven para hacer un Drácula creíble. Sin embargo, he de admitir que sabe estar a la altura de las circunstancias. Rhys Meyers tiene una mirada perturbada que casa perfectamente con la de un vampiro desquiciado. Y pone toda la carne en el asador por lo que logra salir airoso de casi todas las vicisitudes a las que se enfrenta. A pesar de su esbelta figura es capaz de desplegar un poderío físico encomiable. La serie se encarga de mostrar su cuerpo en numerosas ocasiones, para deleite de sus fans. Eso sí, tiene la manía de hablar en susurros casi todo el rato, lo que queda excesivamente forzado.

Rhys Meyers en todo su esplendor

Nota: Jonathan Rhys Meyers cobró 100.000 $ por capítulo la mayoría de los cuales le fueron pagados al final del rodaje. NBC quería así asegurarse que su estrella no provocaría los graves inconvenientes que causo durante el rodaje de Los Tudor, frecuentemente suspendido y postergado por los problemas de adicción del actor. De hecho Rhys Meyers ha estado a punto de ser declarado persona non grata por la compañía aérea United Airlines por los altercados que provocó en el aeropuerto de Dublín que acabaron con su detención en estado de embriaguez etílica.

Jessica de Gouw es Mina Murray, actriz australiana cuyo trabajo más destacado hasta la fecha ha sido un papel recurrente en Arrow. Mina es anodina, al igual que ella como actriz, la verdad, y la ausencia de química entre los dos actores principales lastra la serie. Ambos son guapos, pero eso no es suficiente.

Mina y Lucy

Abraham Van Helsing lo interpreta el actor alemán Thomas Kretschman, que curiosamente se metió en el papel de Drácula en esa rareza firmada por Dario Argento llamada Drácula 3D (y en la que nuestro Unax Ugalde hacía de Jonathan Harper).

Van Helsing

Jonathan Harker esta interpretado por Oliver Jackon-Cohen.

R.M. Redfield lo interpreta Nonso Anozie, que ya vimos en la segunda temporada de Juego de Tronos.

Redfield

Katie McGrath es Lucy Westerna, que también apareció en Los Tudor y en la serie Merlín.

Finalmente a Lady Jane Wetherby la interpreta Victoria Smurfit, actriz irlandesa de esbelta figura con amplia experiencia teatral.

Dracula


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  • sofia martínez

    ¡Nada mal pero la verdad le faltó mucho! En general me parece que la historia de Drácula es maravillosa es uno de los clásicos de la literatura, sin embargo hay muchas versiones que para bien o para mal han logrado atraer la atención del público, cada una con sus puntos a favor y en contra, al final del día es cuestión de ser tolerante y quedarte con la versión que más te guste.

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