Publicado el 27 de febrero de 2014 | por 0

Exclusivo para los maridos: la culpa de que tu mujer envejezca pronto es solo tuya

La gripe me pone en un estado de realidad en salmuera que hace que todo me parezca nuevo y divertido. Qué mejor que aprovechar las fiebres para reencontrarme con lecturas rancias. Ahora que el diario El País ya es definitivamente de derechas me apetece leer un poco de «Ana María«, la «Revista para la mujer» que en su número 4 del 26 de octubre de 1958 nos regaló consejos muy prácticos sobre la convivencia matrimonial, hombre-mujer por supuesto, y en la que se desvelan secretos perfectamente válidos para un futuro de ambiente liberal.

Voy a transcribir tan bello texto, teclita a teclita, a ver si las fiebres me dejan llegar al final sin romper nada. Disfruten:

Cuando se oye decir que un hombre de cuarenta y muchos años se ha casado con una jovencita de veintiuno nadie se asombra. «No importa – se dice -, la mujer se estropea mucho antes y más que el hombre.» Pero… ¿sabes tú, marido lector, que esto sucede precisamente por tu culpa? ¿Sabes que al lavar cotidianamente los platos tu mujer realiza un esfuerzo semejante al que tú harías si tuvieras que cortar árboles durante una hora diaria? ¿Sabes que ella se desgasta mucho más planchando durante una hora que tú trabajando «fetén» ese mismo tiempo en la oficina? ¿Sabes que una hora de fregado del suelo es tan fatigante como una hora de conducir un camión? ¿Sabes que agota tanto el llevar los cestos de la compra, cargados de kilos y kilos, desde el mercado a casa, como escribir cuatro horas a máquina? Así pues, tu mujer, a la que tú crees dedicada a las «tranquilas» faenas hogareñas lleva en realidad una existencia agotadora. Si la quieres ver durante mucho tiempo joven, bella, lozana y con buena salud, sin que se avejente rápidamente, sigue estos consejos:

1. RESPETA SUS PEQUEÑAS SUPERSTICIONES

Seguramente que ella las tiene… Y a ti te parecen idioteces. A ella, por ejemplo, no le gusta que vuelques el salero en la mesa, porque da mala suerte. Tampoco le agrada que pases de los cien por hora en el coche o la moto. No lo hagas. Para ella es muy importante. Las mujeres son, fisiológicamente, al menos, tan robustas como los hombres. Resisten quizá mejor las enfermedades. Se recuperan más rápidamente. Pero tienen un punto débil: no saben encajar los choques emocionales. La menor contrariedad les amarga la vida y las pone enfermas. Tú te darás muchas razones para convencerte de que esto no tiene importancia. Pensarás que siempre consigues convencerla. Sin embargo, cede, seguro de que a ti te es mucho más fácil hacerlo.

2. CUIDADO CON SU RÉGIMEN

Seguramente a ti te gustará que tu mujer sea esbelta. Ella, por su parte, sigue un régimen. Y lo hace por ti. Por parecerte eternamente guapa. Pero, ¿sabes que los médicos registran cada vez un mayor número de mujeres desnutridas? En la mayoría de los casos sucede así porque siguen un régimen adelgazante que no está hecho para ella. O tal vez porque quiere perder kilos a toda velocidad. Si tu mujer es gordita, llévala a un doctor que le aconseje un régimen apropiado. Pero no te pases el día diciéndole que «no se le nota nada» su sacrificio.

3. CUÉNTALE LO QUE HACES

No hay más remedio. Ten en cuenta la facilidad psíquica de la mujer. Ella se siente aislada, si permanece todo el día en casa. Por la noche, cuando tú regresas, le das la mayor alegría de la jornada. Se acaba su soledad. Puede hablar y vivir «en sociedad». Igual que tú has hecho todo el día en la oficina o en tu trabajo. Entonces, en esa hora de intimidad, dile todo lo que has hecho mientras no has estado a su lado, para que pueda seguir con el pensamiento tu propia vida. Tu actividad. Interésala en tu profesión o en tu oficio. Que ella conozca tus problemas. Además seguro que te dará consejos interesantes y útiles. Esto le hará sentirse importante. No olvides otro detalle: en cuanto abra la puerta, a tu regreso, bésala.

4. CUIDADO: ELLA TAMBIÉN CORRE PELIGRO

Las estadística lo demuestran. Cada año el número de accidentes de que son víctimas las mujeres aumenta. Cada día la tarea de hacer el mercado se hace más y más difícil y peligrosa. ¿Le has comprado a tu mujer esos «chismes» eléctricos que contribuyen a hacer más confortable el hogar? Entonces piensa en los peligros de la electricidad. Ella te lo ha dicho muchas veces: no entiende nada de esas cosas. Inspecciona pues, enchufes y llaves. Así evitarás los choques nerviosos que cada chispazo puede proporcionarle.

5 EVÍTALE TODOS LOS ESFUERZOS VIOLENTOS

Para ella es una pesadilla volver el colchón o limpiar un baño. Porque casi ninguna mujer sabe coordinar sus gestos para hacer esfuerzos violentos y fatigantes. Tú mismo lo has notado.


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