Publicado el 22 de marzo de 2014 | por 0

honest.ly: la app para comprobar la reputación de una persona

En plataformas como eBay los usuarios tienen una puntuación, que ayuda a saber si nos podemos fiar o no de una persona. Ahora dos eslovacos han ido un paso más allá creando honest.ly, una app que permite puntuar el comportamiento personal y profesional de otras personas.

El objetivo de esta app va más allá de cualquier red social: quieren responder a una de las preguntas que toda persona se ha hecho a lo largo de la historia: ¿me puedo fiar de lo que me están diciendo? Mediante un complejo algoritmo de puntuación y meta-puntuación afirman haberlo logrado.

¿Cómo funciona honest.ly?

Lo primero que debemos hacer es asociar nuestra cuenta de Facebook, Twitter, Google+ o Linkedin. Una vez hecho, ya estamos en el sistema, y podemos pedir a cualquier otra persona con la que hagamos una transacción que nos vote, y mostrar nuestra puntuación para ofrecer confianza.

Un ejemplo profesional lo encontramos en una carnicería de Bratislava. Eugenia, la carnicera, muestra en su Samsung Galaxy S4 su puntuación de 4,8 estrellas a sus compradores. Algunos de ellos registran su código al comprarle la carne, y, una vez en casa, le votan positivo si los filetes han salido tan tiernos como prometía.

El voto, además, sólo lo conoce la persona que vota, no la votada. Gracias a esto Frederic ha votado a su amigo Ludivic, que siempre le gorronea dinero cuando salen de vinos. ‘Es mi amigo, pero hace años intentó ligarse a mi novia y me debe dinero, se merece una estrella’, afirma Frederic.

honestly

¿Por qué honest.ly puede ser un antes y un después en la sociedad?

Robert Gašparovič, uno de los creadores de la app, cree que va a revolucionar el mercado laboral. Imaginemos por ejemplo un teleoperador que nos llama para ofrecernos su ADSL. Gracias a honest.ly podemos ver la reputación de ese teleoperador. Aunque sea opcional, si una sola compañía lo adpota, ¿quién iba a contratar otra?

Pero un punto importante es que la reputación no es de empresas, ni organizaciones como partidos políticos, es de personas. Es decir, que los trabajadores, funcionarios o políticos tendrán dos incentivos: por una parte puede que vayan contra los intereses de sus consumidores, usuarios o votantes, pero acabarán por dilapidar su reputación y no podrán trabajar en otro sitio.

Las implicaciones sociales que tiene esta aplicación son tremendas, y hemos querido preguntar a Alfonso Covarrubias, doctor en economía por la London Business School y jefe de la sección económica de Mitmag. Nos responde de la siguiente manera: ‘Pues parece una movida grande, sí. Me he cogido el fin de semana caribeño así que el martes ya lo miro y os digo algo’.

Aunque tendría efectos muy positivos para los consumidores y votantes, podría generar ciertos incentivos complejos como gente dispuesta a “prostituir” su reputación por dinero. Preguntamos al portavoz del sindicato GTI sobre honest.ly, si lo conoce y si su organización ha analizado las implicaciones que tendría sobre el mercado laboral, pero nos ha respondido con un escueto ‘¿Esto tiene algo que ver con lo de Facebook y Whatsapp?’.

Sus creadores afirman que el complejo algoritmo de meta-votos evita que se pueda hacer trampa o existan grupos de poder que se voten positivo entre sí para tener una buena reputación aunque sólo busquen su propio beneficio (caramba, cómo se parece eso a la democracia parlamentaria).

Una idea millonaria

Después de obtener 100.000 descargas en su primera semana de vida, han recibido una ronda de financiación de 2 millones de dólares de la mano de prestigiosos fondos de capital riesgo.

Robert Gašparovič e Ivan Fico son los dos informáticos detrás de esta idea. Robert nos cuenta cómo se le ocurrió:

‘Fui al Decathlon a devolver un chandal y al llegar descubrí que me había olvidado la cartera y la tarjeta con la que había pagado. Pero tampoco podía pagar el euro del parking. Además había dormido poco, tenía la voz mal por un catarro, e iba con mi viejo chandal, así que la gente se asustaba cuando le pedía un euro para pagar el parking. Fue frustrante y pensé que tenía que haber alguna forma de demostrar que no me lo iba a gastar en droga’.

Nota para nuestros lectores menos avispados: la app no existe, es fruto de las perversas mentes de la redacción de Mitmag. No obstante, si alguien se quiere decidir a hacerla, le cambiamos el plan de negocio y el algoritmo detallado de puntuación por cinco botellas de pacharán.




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