Publicado el 2 de octubre de 2013 | por 0

La culpa es de la selección natural

Si te regalan un ordenador o un móvil de segunda mano, posiblemente lo primero que hagas sea borrar todo para tenerlo a tu gusto. Es una buena idea, pero la genética no funciona así. Acumulamos filias y fobias desde hace decenas de miles de años.

Las especies han evolucionado siguiendo un proceso de selección natural. Esto significa que no ha sobrevivido el más inteligente y el mejor preparado, sino el que mejor se adapta. Tus antepasados eran unos descerebrados con obsesiones aleatorias e inútiles que tú has heredado. Somos descendientes directos del rarito del pueblo.

Selección natural para novatos

Antes de meternos en harina, hagamos una pequeña introducción sobre cómo funciona la selección natural. Imaginemos, por ejemplo, un lagarto verde. ¿Por qué es verde? La respuesta habitual podría ser la siguiente: es verde porque así se camufla con las hojas y huye de sus depredadores.

Bien, craso error. Esa definición sería de un creacionista o de un evolucionista demasiado optimista. El lagarto es verde porque, en algún momento de la historia, compartió entorno con lagartos amarillos, azules y negros con lunares verdes. Pero, por algún motivo, sólo los verdes sobrevivieron en su especie.

El matiz es importante. No significa que la evolución haya elegido al mejor, ni siquiera que esté bien hecho. Simplemente significa que todos los demás eran todavía peores, y esa alternativa fue la única que cumplió los mínimos.

Fobias

Imaginemos un asentamiento de homínidos hace dos millones de años. Como en todo grupo, ya en aquellos tiempos había un tonto del pueblo, y salía corriendo cada vez que veía un insecto, gritando que el demonio venía a por él. Hasta que una maldita plaga de mosquitos asesinos le dio la razón. Muertos los otros homínidos, sólo él se pudo seguir reproduciendo. Hoy todos hemos heredado su manía, que resulta especialmente útil si vives en una ciudad europea.

Selección Natural

Sexo

¿Por qué nos resulta placentero el sexo? Podría ser placentero como rascarse la cabeza o bañarse en leche. Pero no, es especialmente placentero, tanto como para que nos pasemos media vida pensando en ello.

Nuestro homínido, además de ser un rarito con los animales, tenía una pasión exagerada por el sexo, provocando cientos de embarazos. Somos la descendencia de los elementos más promiscuos de nuestra especie. La gente comedida que dedicaba su vida a algo más que aparearse se extinguió. Y, mucho me temo, el patrón se sigue repitiendo a día de hoy.

Comida

Siendo un rarito con los insectos y un obseso del sexo, ¿por qué no ampliar sus vicios a la comida sin fin? Eso le llevará a la muerte, pero miles de años después, para cuando la genética ya estaba establecida. Un mal invierno acabó con los comedidos o los que comían vegetales, los que tenían reserva de grasas sobrevivieron. Incluso mejor, más fuerza para escapar de seres inofensivos y poder practicar sexo desenfrenado.

Selección Natural

Violencia

Para solventar las diferencias con el asentamiento cercano sobre la zona de caza de jabalíes, ellos enviaron a un negociador razonable, pero nuestro pueblo envió al tarado. Ante la propuesta de unir fuerzas para maximizar la productividad en la caza, el tarado decidió responder aplastando la cabeza de su interlocutor con una piedra. ¿Fue la mejor opción? No, pero fue la que sobrevivió.

Dormir

Dormir es necesario para nuestro cuerpo, ¿pero por qué se hizo necesario? Sin luz, la noche no resultaba muy útil para cazar ni para otras actividades. El rarito del asentamiento, en vez de interactuar con el resto, decidió descansar tanto que llegó a entrar en un estado catatónico. Era absurdo, pero al día siguiente tuvo más fuerzas para cazar porque no perdía energía durante la noche, así que se sostenía con menos.

Hoy en día, que no tenemos limitaciones ni de luz de comida ni en el primer mundo (ni tampoco en España), dormir se convierte en una mala costumbre, ya que podríamos dedicar la noche al ocio o a trabajar. Pero no, perdemos un tercio de nuestra vida en un estado de inconsciencia.

La próxima vez que alguien hable de la selección natural, recuérdale que no es lo mismo que el diseño inteligente. O, mejor todavía, viólalo y aplástale la cabeza con una piedra. Está en tu herencia genética.


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