Publicado el 6 de marzo de 2014 | por 0

La otra noche las divas del KPop salvaron mi vida.

El sábado pasado me convertí en el amo de una fiesta improvisada, y eso que tenía un poco de jaqueca y no iba vestido para la ocasión. Pero la vida es así y a veces el destino hace que tu estrella brille cuando menos lo pretendes. Y eso es lo que nos suele pasar a Scarlett Johanson y a un servidor.

La verdad es que me sentía totalmente hundido en casa por no tener plan la noche más importante de la semana, así que me dejé convencer por mi amigo Emilio para acompañarle a una reunión de cumpleaños de un conocido suyo.

El homenajeado era un chico venezolano que vive un piso patera donde se celebraba el evento. La party, como decían ellos, era algo así como un conclave multicultural sin un ápice de glamour. Y lo más sorprendente: había gente de los dos sexos!!!

Menos mal que el ron manaba a raudales, tanto así que al cabo de poco la cosa se me hizo más soportable y acepté la molestísima bachata que sonaba de fondo como un mal menor.

Me acerque a un rincón donde unos señores muy negros, muy guapos y muy trajeados parecían comentar cosas de gran importancia. Hablaban francés, idioma del que no tengo ni papa, lo cual no fue impedimento a la hora de mantener una fluida conversación. Las personas de mundo tenemos esa cualidad. Sinceramente, esperaba más de esos hombretones. Creía que serían algo así como capos de la droga o magnates de la trata de blancas o jerifaltes de algún otro negocio turbio a la par que muy lucrativo e interesante. Así que imagínense cual fue muy decepción cuando me enteré que uno de ellos era jugador del Espanyol y el otro era algo así como su manager. ¡Qué vulgaridad, por Dios! Huí de ese rincón como alma que lleva el diablo.

Insistí a Emilio que nos marcháramos de una vez; prefería dormitar al son de Tengo una carta para ti a un minuto más en aquel piso compartido con esa música infernal. Pero él no tenía ninguna intención de moverse de allí. Estaba platicando con un agregado del consulado de Panamá que atendía al nombre de Wilson o algo por el estilo. Incluso me pareció que el acento sevillano de mi amigo había virado hacia un deje caribeño por arte del interés sexual. ¡Cómo somos! Así que me resigné y fui a por más ron. En ese instante la insoportable cumbia o lo que fuera que llevaba dos horas torturándonos, se detuvo. Era mi momento. Crucé raudo el salón a fin de hacerme con el dominio del equipo de música. Pero una chica de esas muy morenas, se me había adelantado. Me la saqué de encima dándole un pequeño empujón en una de sus protuberancias, no se si fue en el culo o en las tetas (ahora mismo no sabría decir si era muy bajita o estaba agachada) lo único que sé es que toqué algo muy blando. (¡Puaj!). A pesar de mi notable estado de embriaguez fui capaz de conectar mi ipod a los altavoces y seleccionar mi lista de reproducción Reinas del KPop. Play.

Parece mentira como la buena música puede cambiar una fiesta. Ya a los primeros compases, la gente empezó a animarse. Al cabo de dos temas, aquella especie de reunión santera se había convertido en una sofisticada soiree. No sé de que se extrañan, ese es el efecto que causan las divas surcoreanas. Me pasé el resto de la velada dando información sobre kpop, canciones y grupos ilustres. ¡Todo el mundo quería saber qué era aquello tan divertido que estaban bailando! De madrugada sucumbí a mi público y, con las pocas energías que me quedaban, instruí a aquel grupo humado en algunos de los pasos de baile más famosos que ejecutan las diosas del pop de Corea del Sur en sus actuaciones. Y hasta el jugador de fútbol se apuntó a bailarlo, con bastante gracia, por cierto.

Tanto interés me dio la idea de elaborar un ranking de las divas del KPop con el que ilustrar a las masas.

Así que ya saben; vayan aprendiéndose nombres tales como Kara, SNSD, Miss A o 2NE1 si quieren estar a la última. Dentro de no mucho sonarán tanto como Lady Gaga o Beyoncé.

Y como veo que hay mucha incultura por estos lares y dado que soy de natural generoso, voy a impartir una clase magistral de KPop. A partir de este punto me dejo de mariconadas (si puedo) y empieza la parte seria del artículo.

 Kpop

La redención mundial del pop viene de Asia. Más concretamente de Corea del Sur. Y recibe el nombre de KPop (la K es por Korea). ¿Acaso creen que los 1000 millones de visitas en youtube de PSY con Gangang Style fueron fruto de la casualidad?

Sí, el KPop merece atención especial porque ya arrasa en Asia y está convirtiéndose en una tendencia global. Su características esenciales son:

-tonadillas fáciles y pegadizas

-coreografías impactantes pero asequibles

-looks muy vistosos

-total falta de pretensiones

Orígenes

Todo empezó hace unos veinte años, cuando Lee Soo Man, aspirante a estrella, decidió montar su propia compañía de discos: SM Entertainment. Lee Soo Man no tuvo ningún éxito como artista, pero si triunfó como empresario. Su compañía empezó a producir a cantantes que poco a poco se fueron convirtiendo en ídolos juveniles. ¿Cuál era el secreto de SM Entertainment? Preguntar a los jóvenes qué querían ver y escuchar y darles lo que pedían.

Todo esto surge al amparo de lo que se conoce como Ola Coreana que no es más que la presencia más patente de Corea del Sur en el mundo día a día. Cada vez hay más marcas comerciales, empresas, artistas, cineastas, actores, de aquellos lares que alcanzan notoriedad mundial. Corea del Sur es un país que bulle de actividad empresarial y creativa; Seúl está sustituyendo a Tokio como capital de referencia de modernidad y nuevas tendencias.

Los surcoreanos, como buenos asiáticos, no han inventado gran cosa, pero sí que han mejorado las formulas que aquí en occidente parecen ya agotadas. El KPop es muy similar al pop americano, pero más fresco y dinámico y sobretodo desprende mucha más energía.

La industria

A la sombra de SM Enternainmente han surgido muchas discográficas y la forma de trabajar de todas ellas es muy parecida. Los departamentos de marketing detectan un nicho de mercado musical aún no cubierto. A partir de ahí proponen una idea de grupo, buscan a los integrantes, trabajan con ellos, los pulen y los lanzan.

Las discográficas surcoreanas tienen escuelas de canto y baile donde los padres apuntan a sus niños a razón de unos 6.000 € / año. Estas escuelas son tremendamente populares y de ellas se nutren la mayoría de los grupos de KPop. A la edad de 15 / 16 años, los jóvenes que destacan pasan a formar parte de la cantera de la discográfica. Siguen con sus estudios de música y baile (además del colegio) y con suerte serán tenidos en cuenta para formar parte de algún grupo.

Desde la idea inicial hasta el lanzamiento del grupo suelen pasar 3 años. La mayoría de este tiempo sirve para trabajar el concepto del grupo y los integrantes. Cuando un chico o chica es elegido para formar parte de una banda, pasa a recibir un sueldo que suele rondar los 1500 € / mes. Sin dejar el colegio debe intensificar las clases de canto y baile. Los departamentos de marketing y estilismo estudian concienzudamente cual será su look, así como la personalidad que tendrá el grupo, cómo sonará, qué tipo de canciones interpretará. Si el proceso es satisfactorio y el grupo al final es lanzado oficialmente, los integrantes firman un ferreo contrato con la discográfíca, que a partir de ese momento se encargará de sus vidas; desde la dieta que deben comer para tener el aspecto adecuado, hasta la ropa que deben llevar en público y en privado, la imagen que tienen que dar y otras estipulaciones que incluyen su vida sentimental. Los cantantes pasan a cobrar unos 5.000 € / mes, cantidad que puede aumentar en función del éxito del grupo.

Deben seguir una estricta rutina diaria que suele ser la siguiente: clases de baile (3 horas) y canto (2 horas). También clases de modelaje, de interpretación, de expresión oral, de expresión corporal, de japonés, chino e inglés. Se les enseña a comportarse en público y como responder a la prensa, como tratar a los fans y se les dan nociones de cultura general, entre otras cosas. Y todos, tanto chicos comos chicas, pasan por el quirófano para hacerse retoques. Las casas discográficas invierten tanto en clínicas estéticas que llegan a acuerdo globales tipo forfait. Las operaciones más frecuentes, hacer las caras más ovaladas, menos redondas, levantar párpados, hacer los ojos menos caídos. Las rinoplastias y liposucciones están a la orden del día también.

Las últimas tendencias del KPop es que los grupos incluyan integrantes de otras nacionalidades, especialmente de China y Japón, para favorecer el acceso a estos grandes mercados. El grado de especialización es tal que algunas discográficas han apostado por crear grupos clónicos en diferentes países. Se desarrolla un grupo de integrantes coreanos. Se testa. Si tiene éxito, se crea otro exactamente igual pero con integrantes chinos para satisfacer al publico chino y otro exactamente igual de japoneses para el público nipón. Y cuando digo exactamente igual me refiero a mismo número de integrantes, look de cada uno de ellos, coreografías, voces… Incluso se busca que tengan las mismas medidas de manera que resulte difícil distinguir al cantante coreano de su clon chino o japonés.

Menos artistas y más trabajadores

El proceso de producción musical surcoreano lleva a que los cantantes no se consideren artistas si no “trabajadores” de música. Están al servicio de un producto: las canciones.

El KPop se estructura igual que una fábrica en la que el cantante es un eslabón más de la cadena, al igual que los estilistas, los coreógrafos, los compositores, los de marketing… Todos forman parte de una cadena de montaje que quiere sacar al mercado los productos más eficientes.

Es cierto, eso quita personalidad a la música, pero también aporta frescura, mejores facturas, tonadas más pegadizas y en definitiva más diversión. El KPop es música de fácil consumo. ¿Pero acaso Madonna o Lady Gaga no lo son?

La música no lo es todo

La musical es una excusa. O casi. Los ingresos por ventas de discos y descargas suponen sólo el 50% de la facturación de las discográficas. El resto proviene de derechos de imagen de los cantantes. Los ídolos del KPop son reclamados por todo tipo de empresas para que los representen. También participan en culebrones, presentan programas de TV, e incluso lanzan líneas de ropa o complementos con sus nombres. La industria cosmética coreana se sustenta básicamente de la imagen de estos jóvenes cantantes.

Son estos contratos de imagen los que aportan a los jóvenes interpretes mayores beneficios económicos, aunque es la discográfica la que se lleva la mayor parte.

Música en la era de Internet

El disco ha muerto: viva Internet! El KPop no se estructura en base a álbumes con dos temas medio decentes y siete infumables. El KPop se basa en éxitos. Crean canciones que van lanzando y busca el hit en cada una de ellas. Estos grupos e interpretes lanzan canciones en la red que sus seguidores pueden comprar y bajarse inmediatamente. Su arma esencial es youtube, donde los grupos punteros alcanzan cifras de visitas megamillonarias, alucinantes para un país con una población de apenas cincuenta millones de personas. Eso da una dimensión del éxito de estos grupos fuera de sus fronteras. Los equipos de ventas de las discográficas dominan el e-comerce y las estrategias de marketing en las redes sociales para conseguir que estos videos se conviertan en virales. Las campañas de promoción están cuidadas al máximo, con teasers y avances como si cada canción fuera un gran acontecimiento. Cuando el grupo en cuestión tiene varios hits en su historia, los reúnen en un cd y lo ponen a la venta. Pero no antes.

Y hasta aquí este primer acercamiento al KPop. Próximamente más.


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