Publicado el 24 de septiembre de 2013 | por 0

No probamos las Google Glass

Ni hemos solicitado una prueba ni nos la han ofrecido. No hemos probado las Google Glass. Somos, en exclusiva, el único medio que ha preferido pasar olímpicamente de probar las Google Glass y, aún así, analizar el cacharro que va a revolucionar nuestras vidas.

El no probarlas nos ha producido una sensación de desazón, hace que no nos guste. No nos gusta su diseño ni sus funcionalidades. No nos gusta que haya que mirar hacia arriba. No nos gusta hablar con la patilla de nuestras gafas ni andar frotándola para que nos conceda deseos. Sabemos que nos estamos perdiendo algo enorme pero no alcanzamos a saber muy bien qué es eso que nos perdemos. El resumen de lo que han dicho los grandes expertos que han probado las Google Glass es que sirve para un montón de cosas. ¡Pero un montón ¿eh?! Y que cuando los desarrolladores se estrujen las meninges para dotarlas de funcionalidad nos vamos a sorprender mucho, mucho, mucho y entenderemos porqué son imprescindibles en nuestras vidas. Nunca un invento había sido tan importante sin saber aún para qué sirve.

Como los grandes expertos, miramos hacia adelante en el tiempo y os abrimos varias ventanas al futuro de Google Glass.

Lunes, 3 de octubre de 2016. 12:45h pm
Federico Gutiérrez (34), Madrid

Federico acaba de levantarse y vestido con sus calzoncillos y sus Google Glass regala al mundo una serie de sonidos guturales entre los que distinguimos un “Ok Glass“. Es lo más cerca que ha estado de hablar inglés en toda su vida.

– ¡Mamá! ¡Estamos a 16º!
– Muy bien Fede, anda ponte el ColaCao que te he traído cruasanes.

Federico es un importante Community Manager que tiene montado su centro de operaciones en un rincón de la salita de estar del piso de sus padres. Hoy no tiene previsto cambiarse de calzoncillos ni mucho menos ducharse. Tras el desayuno se viste con una camiseta del Real Madrid, un pantalón de chándal Adidas, los calcetines del día anterior y las zapatillas de casa. Fede decide que es hora de empezar su jornada laboral y desde el WC lanza un par de tweets muy inspirados dando órdenes a las gafas de Google. Al terminar, mientras pulsa varias veces el Brise Un Toque, se sonríe al acordarse del vídeo que colgó ayer sin querer en su videotwitter. No se acordó de parar la grabación e incluía escenas en el WC y en el bidé. Dado el número de visitas finalmente ha decidido no borrarlo.

Mientras ve el programa de Ana Rosa, que cada día está más joven, usa las gafas para revisar las redes sociales, ver un poco de porno, subir 4 tweets y por último decide hacer un chat de vídeo con su amigo Juan Antonio. Antes de llamar se cambia a su rincón de trabajo y enciende la pantalla en la que hay un Excel y algunas otras cosas que quedan bien.

– Hola Juan Antonio, ¿cómo estás?
– Aquí muy liado como ves, levantando el país.
– Sí, no paramos tío, a ver si nos damos un respiro.
– Ya te digo. A ver si el año que viene baja esta locura.
– Sí, esto no es sano. Saluda a tus padres, que los veo ahí al fondo.
– Y tú a tu madre, que la oigo batiendo huevos ¿tortilla?
– Y filetitos de lomo. Vente si quieres.
– Ya quisiera, ya, pero tengo que picar código sin parar.
– A ver si este año acabas la aplicación y te forras.
– Ya te digo.
– Ya te digo.

Google Glass

Jueves, 22 de junio de 2017. 19:12h pm
Neus Pesarrodona (26), Barcelona

Neus llega temprano al local donde se reúne con sus compañeros de la asociación “Glass Crash“. Unos minutos más tarde ya están todos los del turno de hoy. Cada uno se pone su camiseta con el logo de la asociación, coge un taco de flyers y su muleta. Todos salen a la calle y se separan en grupos de cuatro para hacer la ronda por varias zonas de la ciudad. El grupo de Neus hoy subirá y bajará Rambla Catalunya unas cuantas veces buscando a usuarios de las Google Glass para invitarles a que las depositen en el suelo y sean destrozadas con las muletas. Hasta ahora nadie se ha negado y no le gustaría tener que golpear con su muleta en la cara de alguien que no se las quiera quitar, pero está dispuesta a ello si fuese necesario.

El rostro de la señora Euphemia fuera de sí, gritando “¡dejadme en paz, hijos de puta!”, se convirtió en el símbolo mundial de la privacidad

Glass Crash nació hace tan solo un año pero se ha extendido rápidamente por todo el mundo. Una anciana de la isla de Míkonos llevaba años tapándose la cara ante los turistas con cámaras de fotos y de vídeo. Con la llegada de los visitantes con sus Google Glass tenía la sensación de que su intimidad era mancillada por todo el mundo que las llevaba y decidió que les partiría la cara con sus muletas. El rostro de la señora Euphemia fuera de sí, gritando “¡dejadme en paz, hijos de puta!”, dando muletazos con su pañoleta y vestido negros, se convirtió en el símbolo mundial de la privacidad. Desde entonces es difícil ver las gafas de Google por la calle y lugares públicos pues la mayoría de la población simpatiza con Glass Crash.

Google Glass

Viernes, 27 de noviembre de 2015. 10:05h am
Cristalería Hijos de Bermúdez, Soria

Aplausos en el Consejo de Administración de esta fábrica con más de 50 años de antigüedad. A mediados de 2014 Cristalería Hijos de Bermúdez estaba al borde de la suspensión de pagos. Nada hacía presagiar que ese mismo año sería el de la salida de la crisis para su empresa y que en 2015 tuvieran que ampliar la nave industrial para poder fabricar la ingente cantidad de pedidos. Y todo gracias a Google Glass. El nuevo invento no dio los resultados esperados a las empresas de desarrollo de software, ni a las de I+D+I, ni si quiera a las fábricas de monturas para gafas modernas adaptadas al invento de Google. El gran sector beneficiado fue el de las fábricas de espejos. La necesidad de comunicarse cara a cara en los hangouts (videochats de Google) hizo que el sector se reactivase. A los grandes espejos para casa se sumaron algunos portátiles con cómodas asas y excitantes diseños. El modelo “raqueta de ping pong” fue el que hizo que nuestros protagonistas fuesen portada en la revista Wired. Desde entonces no han dejado de crecer.

El inicio de la moda de usar espejos nació como una necesidad de la comunidad hipster, cuyos miembros eran incapaces de mostrar que estaban desempeñando alguna actividad cool en todo momento. No siempre se estaba comiendo el mejor cupcake de la ciudad, ni tomando el mejor cocktail de Europa, ni patinando en longboard por el parque, ni comprando en la tienda más guay de una capital asiática. Es por esto que se optó por el uso del espejo para, en lo posible, solo mostrar la cara. Se esgrimió que el lenguaje corporal era el 75% de la comunicación y, como un pacto de caballeros (y damas), se dio por bueno en toda la comunidad ante la imposibilidad de molar todo el rato. El espejo con tela negra alrededor que oculta el entorno es uno de los top ventas de Cristalería Hijos de Bermúdez y el preferido por los hipsters de todo el mundo. De Soria al cielo.


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