Publicado el 16 de octubre de 2013 | por 0

¿Qué ha sido de Mr. Dato?

Antes de los smartphones en todo grupo de amigos destacaba la figura de una persona que, por sus proezas mentales, podríamos apodar como Mr. Dato y cuyas hazañas ahora duermen en el olvido. Solía ser hombre, supongo que por alguna razón genética, y destacaba por trufar las conversaciones con las más variadas informaciones acerca de cualquier tema que se tratase: cine, política, música, historia, geografía, literatura, ciencia, cómics… nada escapaba a su manto de sabiduría enciclopédica.

Mr. Dato se sabía poderoso y solía envolver su información en un falso halo de complicidad, como si todos los presentes en la conversación ya conociesen la información y él solo la estuviese recordando para regocijo de todos. Era una complicidad consentida pues para un interlocutor de Mr. Dato la experiencia le enseñaba que era mucho mejor asentir con determinación que parar la conversación por cada actor secundario que no conociese, película chilena que no hubiese visto, cantante nunca oído o ensayo que no hubiese leído. Porque ante un “no lo conozco” Mr. Dato podía trazar un grafo euleriano mental donde un dato llevaba a otro y ese otro llevaba a uno nuevo, para después volver a pasar por los de antes y acabar en el dato inicial media hora más tarde, con las cañas acabadas y con la mitad de los amigos huidos a la francesa a otra tasca con menos cátedra. Habría que erigir un gran monumento a la amistad por los que siempre mantuvieron estas conversaciones hasta el final.

El Mr. Dato más resabido era el fan de cine de serie B que forjaba su leyenda a base de copias VHS y compras por correo postal contra reembolso. Aquí, aparte de los datos, de él podías recibir un resumen completo de una película, tanto o más largo que el filme en sí, pues nuestro héroe no te iba a prestar la película y el “¡¡atención spoiler!!” no estaba muy de moda, así que te jodía la peli y punto. Pero bueno, benditas las ganas de ver una película turca en blanco y negro de Kilink, el malvado calavera gordo y casposo, en calidad VHS regrabado sobre un partido de baloncesto Real Madrid-Jugoplastika de Split.

Imaginen cuando se reunía un grupo de personas de ese perfil. Se sentían grandes perturbaciones en La Fuerza. Si usted tuvo la oportunidad de asistir a una tertulia literaria, un congreso de comics de los de antes o un pase en filmoteca sabe de lo que hablo. Llore en silencio ahora que nadie le ve y piense que esas horas perdidas bien pudieron haberle llevado a la droga.

Todo ese conocimiento hoy en día no vale nada. Memorizar datos ha perdido todo el sentido e imagino que en los colegios los niños estarán recibiendo enseñanzas basadas en entender, deducir, sacar conclusiones,… pensar. Se oyen risas de fondo como en cualquier serie de comedia americana. Yo me alegro un montón porque la ignorancia ahora se nota menos y en un grupito de gente todos podemos parecer personajes ilustrados que consultan sus móviles a cada rato para obtener un dato o subir una foto de un coulant de chocolate, pues tontos y listos estamos enganchados al cacharro por igual. Gracias a la tecnología hemos democratizado el conocimiento al ponerlo en un envoltorio de gilipollez.

El joven Mr Dato

¿Pero qué ha sido de Mr. Dato? Hoy en día ha perdido todo su mojo. Ahora es padre de familia y está comiendo paella en un chiringuito. Su cuñado ha visto la última de Star Trek con sus hijos y comenta que estaría genial una serie. Mr. Dato se sonríe y comenta que ya se hizo en los 70’s. Es abruptamente interrumpido por su sobrino Jonathan que grita que la Wikipedia dice que es de 1966 mientras llena de chorretones de grasa el iPhone 4 que ha heredado de su padre. Mr. Dato calla y se concentra en pelar un langostino pequeño y pegajoso.

Por mi parte, intentaré aprovechar la memoria dedicada a datos inútiles liberándola para grabar cosas en mi cabeza como el olor de las albóndigas que cocina mi madre que, afortunadamente, no podemos compartir en ninguna red social y la Fundación Bulli no puede aspirar a almacenar. Y ustedes hagan lo que quieran pues sus cerebros son bien libres aunque a veces no lo parezca.


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