Publicado el 11 de octubre de 2013 | por 0

¿Se puede comprar la inmortalidad?

Un hombre se acerca a la barra del bar donde una chica está sentada
— Señorita, ¿se acostaría conmigo por diez millones de euros?
— Eh… sí.
— ¿Y por un euro?
— ¿Usted qué se ha creído que soy?
— Eso ya me lo ha demostrado, ahora estamos discutiendo el precio.

Lo curioso de las estudios de los economistas es que en ocasiones dan lugar a reflexiones inteligentes y válidas, y en otras a afirmaciones cínicas alejadas de la realidad. Pero es difícil discernir cuando se trata de una u otra.

Es difícil sostener que todo tiene un precio, y la vida suele ser una de las excepciones. ¿De verdad? ¿Estáis convencidos de que en vuestro centro de salud os prestan la misma atención que al rey o a Emilio Botín en la clínica Rubber? De acuerdo, tarde o temprano a ellos y a vosotros os llegará el momento, y a partir de ese momento sí seréis iguales. Pero quizás hasta terminar la partida haya alguien que juegue con mejores cartas.

Sin ir tan lejos, dicen unos señores que se podría reducir el 3% la mortalidad reduciendo el consumo de carnes preparadas. Ya podemos cuantificar la diferencia entre el pienso que compramos en Mercadona los urbanitas trabajadores y la comida de los más adinerados. La correlación entre calidad de comida y patrimonio es discutible, de acuerdo, pero seguro que no soy el único que comería más pescado si me lo sirviesen hecho con un chasquido de dedos.

Pero una cosa es reducir la probabilidad y otra librarte del señor de la guadaña. Conozcamos a continuación tres interesantes casos.

Steve Jobs, el “fructívoro”

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Steve Jobs murió de cáncer de páncreas después de varios años luchando contra la enfermedad. Imagino que durante ese tiempo buscaría ayuda de todo tipo y el presupuesto no habría sido un problema. Creo que es importante resaltar que no sólo importa tener unas cantidades ingentes de dinero, quizás los contactos también sean valiosos. No me imagino a Paco el Pocero llamando al departamento de medicina de la universidad de Standford para preguntar por tratamientos experimentales.

Pero me pongo en la piel de Jobs, asegurándome de que tengo disponible el mejor tratamiento so pena de que los médicos se queden con el iPhone inhabilitado de por vida.

Y aún así, no pudo ser. Quizás la personalidad de este señor que por lo visto sólo se alimentaba de fruta y verdura influyó en su destino. Pero, sea como fuere, cuando le llegó su momento no pudo hacer nada para evitarlo.

Dinero 0 – Muerte 1

Larry Page, el genio al que le fallan las cuerdas vocales

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Cuando Larry Page, co-fundador de Google, se subió al escenario de la conferencia de Google para desarrolladores, lo primero que llamó la atención fue su voz. Lo había explicado unos días antes en su perfil de Google+, una interesante lectura. Hace años un catarro derivó en una parálisis de una de sus cuerdas vocales, lo cual fue algo atípico para los médicos pero no debería tener mayor importancia. Sin embargo hace un año la historia se repitió y le paralizó otra cuerda vocal, dejando su voz resentida.

Aún así es capaz de subirse al escenario y dar un discurso inspirador, con la Tierra girando de fondo, y explicar cómo estamos a menos del 1% de lo que la tecnología puede dar, y de cómo Google busca cambios exponenciales cuando el común de los mortales perseguimos, con suerte, cambios incrementales.

Me pongo en su lugar y me temo que mi cabreo sería inmenso:

— ¿Me dice usted a mí, que he hecho avanzar de forma sin igual la tecnología basada en una ciencia que hace treinta años existía pero apenas se explotaba, que no es capaz de decirme qué coño le pasa a mis cuerdas vocales? Dígame su cuenta de gmail, se va a cagar.
— No hombre, no se ponga así. Por cierto mire, en mi Samsung Galaxy no encuentro la opción de importar la agenda de los teléfonos que tenía antes en el iPhone, ¿sabría usted decirme cómo?

En el cóctel de inteligencia, contactos científicos y dinero no se me ocurre persona más adecuada que Larry Page para buscarse las castañas. Pero parece que no ha sido suficiente. Por suerte no es una enfermedad que vaya a acabar con él, pero a pesar de no tener transtornos alimenticios no ha podido hacer mucho para evitar el problema.

Dinero 0 – Muerte 2

Dmitry Itskov, el millonario ruso que busca la inmortalidad

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¿Vaya chalado, no? No tan rápido, ávido lector. No podemos afirmar que lo que busca sea factible, pero tampoco podemos demostrar que no lo sea. Lo que busca este caballero es transferir su cerebro a un ordenador.

Veamos antes un pequeño debate científico-filosófico. Sabemos que nuestro cerebro está compuesto de neuronas, que responden a las leyes de la física. Que no conozcamos todos los detalles no significa que dentro tenga que haber un dios o magia, sino que habrá una explicación. Bien, si conseguimos sustituir una de nuestras neuronas por un pequeño microchip/transistor que actuase exactamente igual, ¿seguiríamos siendo humanos? Parece que sí, igual que si nos ponen un corazón artificial. Bien, repitamos el proceso con cada neurona y cada célula de nuestro cuerpo. Pues ahí tiene usted su cerebro en un cuerpo que no tiene cáncer por mucha fruta que le den, ni se le paran las cuerdas vocales. Incluso se puede hacer una copia de seguridad en Dropbox por si se muere en un accidente de tráfico.

La cuestión no parece ya si es posible o imposible, sino cuánto tiempo nos llevaría conseguirlo. Su objetivo, el año que da nombre al proyecto: 2045. Buen momento para recordar que la única diferencia entre un genio y un loco es el éxito.

Dinero 1 – Muerte 2

Conclusión: posiblemente nos vemos todos en el cementerio pero, por si las moscas, come menos salchichas y hazte milmillonario, porque vete tú a saber si eres de las últimas generaciones humanas mortales.




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